Simplemente estaba aburrida y me puse a escribir basándome en el siguiente texto en ingles que escribí hace bastante:
“There’s some place in the world, where pain is a vanity, and the vanity it’s like pity. Raining tears falling down the stair of the oblivion’s garden door, searching something to go up to the sky. GO UP TO THE SKY.
‘Take my stairs’ I said.
You stare there, in nothing, so i pushed you away. I PUSHED YOU to the oblivion’s garden.
‘I forget’ i said.”
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Estaba simplemente caminando y tropecé, pues algunas baldosas de la vereda en la ciudad están tan mal posicionadas que dan vergüenza ajena. Da pena quejarse, por que no es culpa de las personas muchas veces.
Casualmente vos estabas ahí, y me diste tu mano.
‘No te caigas, tené cuidado’ Me dijiste. Mientras que sostenía tu ofrecida mano y tirabas hacia arriba dándome un empuje para levantarme.
‘Soy muy torpe, perdoname.’ Le respondí.
‘No es así, es la ciudad.’ Me dijo.
Fue así cuando caí en sus brazos, no en forma literal, sino en forma subjetiva. El simple hecho de que adivinara las palabras de mi cabeza hizo que sintiera que era solo mío. En mi cabeza estaba encadenada por sus brazos y sellada por sus labios.
Nos separamos. Caminamos, cada uno por su lado, nos fuimos alejando y se abrió un hueco entre nosotros. Minutos, quizá hora o más había de viaje entre nosotros.
Siempre supe que volverías a mi en cualquier momento, aunque fue dos días después del encuentro y no haber cruzado palabras con vos mas que en mis pensamientos más profundos y mis sueños. Durante esos dos días había estado soñando con un jardín trasero, en él había flores y fotos rotas, recuerdos, cartas y cosas que había olvidado ya. Había una persona con el rostro cubierto con un pañuelo negro, sólo dejaba que se vieran sus ojos color café y su cabello negro, tenía una mirada penetrante y cansada, con una gran bolsita de ojeras y patas de gallo debajo. Tendría entre 40 y 50 años, estaba parado al lado de un cartel de madera acebo que decía “Jardín del Olvido” en letras negras, no me permitía pasar al jardín, así que observaba desde lejos el interior de el mismo, los papeles por el piso, las ramas rotas… Todo esto dentro de un enrejado color blanco, completamente limpio y brillante. Adelante mío, justo abajo de mis pies había una escalera de caños rojos y escaloncitos de madera.
En el momento en que me hablaste de nuevo no sabía que decir, pero la conversación empezó a fluir de manera inmediata, palabras instantáneas, puras y miradas penetrantes y al mismo tiempo llenas de dulzura. Empezamos a caminar a donde nos llevaron nuestros pies, a la nada. Encontramos una casa abandonada en un pueblo muy lejos de la ciudad, sin saber por que llegamos ahí.
No había absolutamente nadie viviendo en el lugar, ni siquiera indigentes que buscaran un lugar provisorio donde vivir. Estaba hecha de madera y pintada de blanco, era muy bonita y el barrio era muy silencioso y tranquilo, el aire era puro, increíblemente puro. Terminé asustándome.
‘Vámonos’ Le dije.
‘Entremos, debe ser divertido’ Me dijiste, te seguí por los pasillos de esta casa, se hacían infinitos, era una casa mas grande de lo que aparentaba, con cuadros rotos y humedecidos, con telarañas por todos lados, pero no había tanto polvo como pensé que habría. Llegamos a una puerta muy rara, pintada de blanco con la manija hecha de oro. Entonces fue cuando lo vi, el mismo hombre con el pañuelo negro, la misma mirada penetrante, pesimista y de entristecida vida, el cartel, “Jardín del Olvido” y abajo de mis pies la escalera de caños rojos.
‘¿Donde estamos?’ Me preguntó.
‘Si yo supiera no te habría dejado entrar.’ Le contesté en un tono medio bajo y tirando de la manga de su buzo con el fin de hacerlo retroceder. Pero empezó a bajar la escalera.
‘Déjeme pasar.’ Le dijo al hombre del pañuelo que parecía un guardia. Éste, sujetó con una mano la puerta del enrejado blanco y me miró como esperando mi aprobación, pero me quede quieta. El guardia simplemente miró para otro lado. ‘¿Qué pasa? ¿Qué es este lugar en el medio de la nada, quién es usted y por qué no puedo pasar?’ Le dijo él al ver actuar al hombre de ésta manera.
‘Es digno de pasar todo aquel que quiera olvidar el dolor, cuya vanidad será absorbida por la mera piedad de los árboles cuyos frutos son el dolor del mundo en sí.’ Respondió el “guardia”, que volvió a callar. Volvió a observarme como esperando un tipo de aprobación.
‘Puede hacer lo que quiera.’ Le dije al “guardia” quién abrió las puertas y lo dejó pasar finalmente.
Entonces él empezó a caminar hacia adentro.
‘¿Por qué siento esta pureza? Algo me absorbe hacia adentro…’ Dijo mientras caminaba hacia el centro del jardín.
‘Al borrar ese dolor, al absorber la vanidad, al volverse un fruto del árbol.’ Dijo el guardia cerrando la puerta. ‘Nunca más.’
‘¿Nunca más qué?’ Le pregunté al guardia, empecé a ponerme nerviosa en el momento en que no me contestó. Entonces empecé a darme cuenta de las cosas. El que entrara a ese jardín no volvería a salir y sería olvidado, entonces como él había entrado, ¿nunca mas volvería a recordarlo? ‘No quiero olvidarlo. ¡Simplemente, no quiero!’ Contesté, tomé las escaleras y traspasé las rejas blancas con ella.
‘Toma mis escaleras, no quiero lanzarte al jardín, por favor, ¡toma mis escaleras!’ Le dije gritando. Su cara de desconcierto me dejo en claro que no entendia nada.
‘¿Qué pasa?’ Me dijo.
‘¡Simplemente tómalas!’ Entonces las tomó y lo regresé.
‘Todos los que entren serán olvidados, todos los que salen olvidan. Nunca volverá a ser lo mismo.’ Dijo el “guardia”, cuyos ojos expresaban enojo.
‘Vámonos.’ Le dije, tomando su mano y poniendo la escalera en su lugar.
‘¿Quién sos?’ Me dijo.
‘Soy yo.’ Le contesté. Sólo con ver su cara me bastó para comprender que había olvidado absolutamente todo sobre mí.
‘Todo el que sale olvida, todo el que esté afuera recuerda, el dolor se complementa, el dolor se intensifica’ Dijo el guardia.
Esas últimas palabras del guardia antes de sentarse en el suelo a ver mis últimos movimientos me dejaron pensando, ¿Qué debía hacer?. Todavía estabas quieto mirándome como si estuviese loca. Si lo dejaba afuera yo sufriría pues el nunca volvería a sentir lo mismo por mi, pero si lo metía lo olvidaría para siempre. Necesité unos segundos para decidir el actuar en forma precipitada.
‘Te tiraré al vacío, morirás y serás parte de mi jardín del olvido.’ Dije, y mientras que las lágrimas se derramaban por mis mejillas lo empujé de nuevo adentro del jardín, sin siquiera mirarlo a los ojos. El vacío se promulgó por todo mi cuerpo y mente, provocando que olvidase todo. ‘¿Que hago acá?’ Dije, entonces me fui a mi casa.